La Mochila
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¿Y ahora qué?

Tras el anuncio del presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, en el sentido de “suspender y archivar” las ilegales leyes impuestas la semana pasada y “citar a ambas partes del conflicto” a construir una propuesta conjunta, surgen varias preguntas: ¿se logró un triunfo o es una trampa?, ¿a qué le apuesta el gobierno?, ¿cómo seguir la lucha por los derechos conculcados por el régimen dictatorial?

Triunfo o trampa

Esta es la primera cuestión a revolver. Y queremos ser claros: consideramos que el objetivo del gobierno era aprobar dichas leyes a como diera lugar y tuvo que retroceder en ese objetivo lo que es un triunfo de la movilización y paros de labores de los trabajadores y trabajadoras de la salud y la educación.

Que haya sido derrotado en este objetivo concreto no significa que abandone su política privatizadora ni que se hayan derogado las leyes ya aprobadas como la de la seguridad social, las ciudades modelo, la ley fundamental de educación, y un largo etcétera.

Justamente porque dicha política se mantiene (una política que se implementa sistemáticamente en Honduras desde el gobierno de Callejas en la última década del siglo pasado, pero que tras el golpe de estado del 2009 se profundizó) lograr diferenciar si ganamos o perdemos es fundamental.

Desde el golpe esta es la primera vez que el gobierno retrocede. Intentó pasarla con modificaciones y engaños, tal como hizo con la Ley Fundamental de Educación, sin lograrlo. En todas sus otras políticas no retrocedió.

El reacomodo del régimen

Consciente que ha sido derrotado en el intento de pasar estas leyes, el gobierno retoma la negociación como mecanismo de legitimación de su política privatizadora, que no es abandonada.

Para ello cuenta con el apoyo de dirigentes de cúpula de las centrales obreras, de algunos sindicatos y colegios profesionales, además de la llamada sociedad civil, iglesias y partidos políticos parlamentarios.

Para nadie es un secreto que, desde la derrota de la lucha contra el golpe de estado con la firma de los acuerdos de Cartagena, la dictadura se fue consolidando mediante la represión, la militarización y la criminalización social de un lado, y la colaboración por acción u omisión de las dirigencias gremiales y políticas de oposición que cayeron en todas las trampas negociadoras del régimen.

Por eso, y a pesar de que haga énfasis en la negociación, no hay que confiarse y estar atento a cualquier represalia que quieran tomar en particular contra los docentes como ha insinuado el ministro de educación.

¿Cómo continuar?

Lo primero es mantener y aumentar los niveles de organización logrados en la actual lucha. En todos los centros de trabajo y estudio hay que realizar asambleas informativas en donde se debata sobre la actual lucha y las que tenemos pendientes para derrotar las privatizaciones.

Hay que avanzar en la creación de estructuras amplias: comités, plataformas o articulaciones de base en donde mediante el más amplio debate se tomen acuerdos por mayoría que los dirigentes de cúpula deban respetar obligatoriamente. Estos organismos deben estar listos para retomar los paros y movilizaciones ante cualquier situación que pudiera darse.

A diferencia de luchas anteriores que terminaron en derrotas, la actual se asentó en auténticos paros de labores y acciones masivas de las bases de los gremios involucrados, siendo los y las trabajadoras los actores principales. Ese es el camino a seguir. Ni el voluntarismo, ni el caudillismo, ni el verticalismo, son alternativa. Sólo la lucha de clases con los métodos de la clase obrera articulados con los sectores oprimidos y explotados puede derrotar a la dictadura.

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